Buenas!!! Vamos a contar nuestro relato sobre nuestra vida escolar hasta ahora, y como nos conocimos esperamos que os gusten.
Carmen, “la
exploradora”.
Carmen era una pequeña niña la
cual pasó por la guardería como todos los niños alguna vez en su vida. Y
claramente, tras ese pequeño contacto con la vida escolar, fue trasladada como
todos los niños tras ese período al colegio.
Sus papis, decidieron inscribirla
en un colegio privado-concertado llamado “El Divino Pastor”.
Sus padres creyeron que era un
buen centro para ella porque tenía clases hasta las cinco de la tarde y claro,
tantas horas en clase dieron tiempo a muchas diabluras.
La más destacada se puede decir
que es cuando los niños decidían tirar los pegamentos de barra contra el techo
para que éstos se quedaran pegados arriba, al llegar la profesora, esta se
enfadaba muchísimo con ellos, esa mujer no entendía lo duro que es pasar tantas
horas en un colegio siendo tan pequeños.
Como todo niño pequeño, Carmen
adoraba los recreos. Pero estos obtuvieron una mayor importancia en su paso a
primaria, cuando la separaron de sus amigos de preescolar y sólo podía reunirse
con ellos durante ese pequeño rato.
Cuando nuestra pequeña Carmen “la
exploradora” se fue haciendo más mayorcita, le encantaba preparar bailes y
teatritos para fin de curso.
Pero no sólo vamos a hablar de Carmen, la cual retomaremos cuando llegue el momento, ahora es el turno de nuestra pequeña Tania.
Tania, “La pecosa”.
Tania empezó su aprendizaje escolar en una guardería de su barrio, a la corta edad de 3 añitos. Y cuando pudo acceder, sus padres decidieron apuntarla en el colegio público Fernando Hernández Cánovas.
Como anécdota más significativa
de su etapa escolar, sobretodo Tania recuerda un tutor el cual le marcó de
forma más bien negativa durante el tercer ciclo de primaria (5º y 6º de
primaria).
Este hombre según ella bipolar,
era estricto y severo pero a la vez buena persona con los alumnos que les caían
bien.
Tenía un bombo con la misma
cantidad de números que de alumnos estaba en clase y cada número era asignado a
un alumno, cada vez que éste sacaba una bola, el alumno correspondiente debía
salir a la pizarra para realizar un ejercicio.
Esto condicionaba por supuesto a que todos salieran de forma más o menos equitativa a realizar un ejercicio a la pizarra, excepto dos o tres alumnos a los que según la historia de Tania, les tenía manía, y si salía el número de éstos, volvía a meter su número en el bombo para que no salieran.
De vez en cuando, este profesor recurría al método de la vieja escuela, y si no te sabías la lección te daba con una regla en las manos o te tiraba una tiza a la cabeza si te pillaba hablando.
Como anécdota en común, al igual que Carmen, Tania compartía con ella sin saberlo la misma afición de realizar bailes o teatrillos a fin de curso, algo que hasta después de unos cuantos años no sabrían la una de la otra.
Ana, “La rebelde”.
Ana a diferencia de las dos
chicas anteriores, vivía en un pueblo de la provincia de Málaga, en Estepona.
Comenzó su vida escolar, en una
guardería regentada por su propia madre. Y más tarde, pasó a un colegio público
de primaria que estaba cercano a su casa.
Pero sólo le dio tiempo a que le
impartieran preescolar en ese centro, porque ya que su madre es maestra, la
destinaron a un pueblo de la sierra a impartir clases rurales, y se mudó
durante un año entero a Algodonales.
En Algodonales, su madre decidió
apuntarla en un colegio de monjas concertado, en el cual ella no se sentía muy
a gusto puesto que al venir de la costa, los niños empezaron a meterse con ella
por su acento, que al parecer era mas fino de lo normal allí. Y ella, tampoco
entendía mucho a la gente del pueblo. Pero en unos pocos meses se adaptó y todo
fluyó con naturalidad.
Tras ese año fuera, Ana “la rebelde” volvió a Estepona, y a su colegio donde dio clases de preescolar. Se reunió con sus compañeros que no la habían olvidado y pasó allí toda la primaria.
Cuando llegaba la hora de irse a
un instituto, su madre decidió meter a Ana en un colegio privado, el único del
pueblo.
Allí tuvo que adaptarse de nuevo
a las clases y a las personas, pero como es una chica extrovertida no tuvo
mucho problema.
Y otra vez cambiamos de chicas, y
nos vamos con la pequeña Natalia.
Natalia “La indecisa”
Natalia, empezó en una guardería
de su barrio, donde ya le empezaron a introducir en el fascinante mundo de la
lectura.
Más tarde, pasó al colegio
conocido en Málaga como Gamarra. Aquí ella se sentía extraña, porque nunca
había visto una clase tan grande y con tantos niños.
Nada más llegar, conoció a una
niña la cual compartiría con ella miles de momentos y compartiría muchos
momentos con ella.
También sin saberlo compartía
experiencias con Ana, pues Natalia iba a misa con las monjas de su colegio, al
igual que hizo Ana cuando se pasó un año en el colegio de monjas.
Como anécdota a destacar, Natalia se metía en un tubo que había en su patio de colegio para así poder perder clases, y un día le pillaron y la llamaron por megafonía para que acudiera a clase. El resultado fue que estuvo castigada por la tarde. Ya no lo hizo más.
Retomando a Carmen “la exploradora”, contaremos la experiencia de nuestras
pequeñas protagonistas por la ESO
y Bachillerato.
Durante el período de la ESO , Carmen se apuntó a unas
actividades extraescolares propuestas por el instituto, como eran teatro,
cocina… en las cuales conoció a gente de otros cursos más mayores y se empezó a
relacionar con ellos, esto hizo que otra vez sintiera unas ganas locas de la
hora del recreo, como durante la primaria. A esta chica le encantaban los
recreos como podemos observar.
Durante segundo de la ESO , como mala anécdota,
destaca que le quedó una asignatura y esto hizo que se pusiera las pilas.
Para Bachillerato, tuvo que
cambiar de colegio y esto derivó que dejara a muchos amigos atrás otra vez,
pero se llevó una buena experiencia donde los profesores eran más permisivos.
Tania, “La pecosa”.
Tania tuvo que cambiar de centro
para poder estudiar secundaria, por lo cual se fue al IES Rafael Pérez Estrada,
en el cual cayó sola en clase sin nadie que conociera de antes.
Pero no tuvo problemas para hacer
nuevas amistades. Como le pasó a Carmen, Tania también deseaba los recreos para
reencontrarse con sus amigos antiguos.
Lo que más le marcó, fue su viaje
de fin de curso a París, donde conectó más con sus compañeros y resultó una
experiencia memorable.
Como su instituto no tenía
Bachillerato, tuvo que volver a cambiar de centro y fue al IES Salvador Rueda. A destacar de esos años es otro
viaje de fin de curso que realizó con destino Italia. Donde hizo nuevas
amistades y dejó otras atrás.
Ana, “La rebelde”.
Ana pasó su ESO y Bachiller en un
colegio privado. Donde la inscribió su madre.
Esos años los recuerda estrictos
y muy duros, pero a la vez ahora que está fuera, con mucho cariño.
Para pasar el rato, ya que tenía
ocho horas de clase, se divertía con sus amigos de la mejor manera posible que
podían en el centro.
Robaban chicles de compañeros, se
colaban para entrar al comedor, se inventaban enfermedades para que les
pusieran la “comida buena”.
La gente de este colegio, en un principio
no les caía bien. Ana los veía a todos superficiales y niños de papá. Pero
ahora guarda una gran amistad con ellos.
Y a destacar, como su actual
amiga Tania, destaca el viaje que hizo desde París a Amsterdam con su curso.
Con el cual se unió mucho más de lo que esperaba.
Natalia, “La indecisa”.
Para Natalia, el cambio de
primaria a la ESO
fue muchísimo menos duro que para el resto de sus amigas.
Ella no tuvo que cambiar de centro, y por supuesto seguía con todos sus amigos y ya eran prácticamente como una familia. La relación alumno-profesor se hicieron más estrechas en su caso y éstos la ayudaban con sus problemas en todo lo que podían.
En 4º de ESO, muchos de sus
amigos se fueron del centro porque iban a dejar los estudios. Y eso le marcó
porque sabía que les iba a echar de menos.
Ahora continuaremos la historia con nuestras ya no tan pequeñas amigas y su paso por la Selectividad.
Carmen, “La exploradora”.
Nuestra pequeña exploradora, iba a selectividad muy
tranquila. Como experiencia no tiene un mal recuerdo de ella y afirma que hasta
le llegó a gustar.
En el
examen de física sólo estuvo diez minutos.
Tras selectividad, como su nota no le dio para entrar en arquitectura, decidió meterse en un módulo de construcción.
Como anécdota a destacar, tiró una coca-cola sobre sus apuntes y no estudió nada para inglés. Carmen, tras pasar un año en el módulo decidió abandonarlo y meterse en Magisterio, ya que le atraía bastante.
Tania, “La pecosa”.
Tania,
como anécdota a destacar, se hinchó a estudiar, y por culpa del estrés le salió
un herpes en el labio y para colmo se puso mala con fiebre y tuvo que ir a los
exámenes mala.
Lo que más le gustó fue que después de cada examen, se relajaba con sus amigas y en vez de estudiar y comentar los exámenes se ponía a hacer el tonto y a charlar con sus profesores que habían ido a darles suerte y a verles.
Para el examen de economía no estudió y suspendió. Tania, decidió meterse en Magisterio, ya que lo tenía claro desde pequeña.
Ana, “La rebelde”.
Ana se
puso muy nerviosa para los exámenes de selectividad. No comía ni dormía y para
colmo se pasaba todo el día llorando y repitiéndose que iba a suspender.
En el
único examen que entró tranquila fue inglés en el cual sacó un 9 y fue la nota
más alta que sacó en todos los exámenes de selectividad.
Como
anécdota a destacar, fue que todos los días llegaba al patio del instituto
donde hizo selectividad un profesor disfrazado de Jedi, para darles fuerza a
sus alumnos.
Como a Tania, sus profesores también fueron a animarla y a darle suerte. Y cuando vió a su profesor de latín, volvió a llorar. Y se metió a Magisterio, porque al igual que Tania, lo tenía muy claro.
Natalia, “La indecisa”
No
estudió nada para los exámenes, principalmente porque no tenía pensado meterse
en ninguna carrera. Pensaba meterse en el cuerpo de policía.
Pero como al final sacó mucha nota, se planteó hacer una carrera y preparase unos estudios para después entrar en el cuerpo con más facilidad.
Y decidió magisterio porque quería entrar con su mejor amiga y estar en la misma clase que ella en la facultad.
Nuestro encuentro
El primer día de carrera eran cuatro desconocidas totales.
Durante el primer cuatrimestre, el profesor que teníamos asignado para sociología, no llegaba. Nunca teníamos clase y no sabíamos por qué.
Un día, estábamos un grupo de niñas en el patio, y decidimos hacer una excursión por la facultad para encontrar a nuestro tutor de grupo.
Y en
ese grupo estábamos las cuatro.
Al
principio casi no hablábamos entre nosotras, pero luego de repente un día nos
juntamos y poco a poco comenzamos una bonita amistad que hasta ahora dura, gracias a que entramos en la misma carrera y estudiamos en la Facultad de Ciencias de la Educación y Psicología. Ahora, nuestra facultad es como un hogar, donde pasamos horas y horas charlando, riendo, jugando, trabajando y estando juntas.






Que bonito el final *.* esta muy bien ;)
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